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domingo, 14 de noviembre de 2010

En el mar del cielo

Cuando empezaron a sonar los primeros acordes yo aún sentía esa bola en el estómago. La gente cuchicheaba, yo te oía en silencio desde mi asiento.

Calma, todo está en calma. Y todo se calmó. Y estabas ahí, guitarra en mano, tan indescriptiblemente hermosa como siempre, usando ese vestido negro con el arreglo ingenioso de último momento. Tu suave voz llenaba el auditorio desde el piso hasta el techo. Esa misma voz que tantas veces he escuchado ahora sonaba como nunca antes mientras entonabas las frases de aquella canción con la que vibramos aquella noche capitalina, aquella noche de sirenas de bomberos y jugo de naranja. Aquella noche en que sólo fuimos tú y yo...sólo tú y yo

La gente llevaba el ritmo con sus manos. Todos aplaudían al unísono mientras la guitarra no callaba. Los odié. En vano imploré su silencio desde mi cabeza. Quería escucharte a ti y a tu guitarra, nada más que tu voz y esas seis cuerdas vibrantes. Nada más

Deja que el alma/ Tenga la misma edad que la edad del cielo/ Que la edad del cielo. Silencio y luego aplausos. Primero uno, luego cientos, miles, millones de estridentes aplausos. Un par de felicitaciones y volviste a la silla junto a mi, estabas sonriente e hiperventilada. Sin poder resistirme te abracé por la cintura y besé en la mejilla. Amor, sonó increíble ¿Viste q iba a salir bien? Con cara de satisfacción correspondiste mi abrazo y beso, mas este no fue en la mejilla. Hablamos de lo recién hecho, de lo contenta que estabas, de mis precoces arrugas faciales y me pediste salir del auditorio. Con la guitarra en la derecha y tu mano en la izquierda salimos a la calle.

Por fin toqué dijiste aún sonriente cuando pisamos la solera ¡Por fin!


sábado, 7 de agosto de 2010

Flores en Invierno (parte II)

Una mezcla de frío y asco me obligó subir el vidrio; Frío por el helado viento costero que se colaba por la ventana y asco por el penetrante olor de la gracia de Tomás.

El perro y su plasta, la plasta y su perro, ambos dando forma al más bizarro de los poemas vivientes.

-Shhhh, la cagaíta que se mandó el perro, weón - Dijo entre risas el chofer mientras sintonizaba la cumbia romanticona del momento para capear la espera. El auto ni hablar de moverse.

Quizá fue el olor de mis flores, quizá el amor a primera vista que sintieron el uno por el otro, quizá fue producto del frío o simplemente de la estupidez, no sé, vaya alguien a saber que pasaba por la cabeza del perro cuando de un único brinco se zambullió en su mojón perruno. Vueltas y vueltas daba el ahora encacado Tomás por la acera, revoloteaba por su caca como el más pintoresco de los pajarillos de cuentos en su pileta. De pelaje blanco y manchas café parecía una pequeña vaca canina con olor a mierda.

Las trompetas de Américo llenaban el colectivo. El chofer silbaba la canción y la chica a su lado se miraba las puntas del pelo. Imbéciles, pensé. ¿Cómo pueden perderse tan magno espectáculo?.

Afuera, Tomás lucía con orgullo sus nuevas manchas fecales, parecía un milico viejo mostrando sus medallas a los clases más jóvenes. La gente lo evadía. ¡Sale perro culiao! le decían los más hirientes, pero Tomás no estaba ni ahí con sus descalificaciones. Cada loco con su cuento: Ellos con sus pantalones ajustados y aros brillantes de luca, yo con mis flores y Tomás con su caca.

De repente algo magnífico sucedió, fue como volver a nacer. Créalo o no...EL COLECTIVO SE MOVIÓ!!!. Avanzamos y avanzamos hasta que Tomás se nos perdió de vista para siempre. Tuve sentimientos encontrados: Estaba alegre porque por fin llegaría a mi destino, pero el no saber más del perro que alegró mi involuntaria estadía frente al Bellamar me puso un poco nostálgico.

En el pasaje por favor. Primero bajé yo, luego saqué el arreglo floral. No se marchitó ninguna.

¡Aló! grité fuerte, con una hora y media de retraso. Ella salió enojada, pero no dijo nada al ver lo que llevaba entre mis manos.

-Amor, perdón por el atraso. No creí que fuera tan difícil conseguir flores después de un día de lluvia.



sábado, 24 de julio de 2010

Flores en Invierno (parte I)

Esta es una historia real, no le pasó al amigo de un amigo sino a mi. Corría el 21 de julio de 2010 con una velocidad inusual y yo estaba atrapado en un taco del demonio, no conforme con eso llevaba más de una hora de retraso. La Tita me va a matar.

_ Cómo se les ocurre arreglar la calle en esta fecha por Dios! - dijo el colectivero enojado
_ y a voh como se te ocurre venirte por acá, aweonao - pensé no menos molesto que el poco intrépido conductor.

El viento que entraba por la ventana hacía sonar el plástico de las flores que llevaba entre mis piernas. Yo no les quitaba la mirada de encima para que no se fueran a marchitar. La blanca era la más grande, la amarilla la más suave, la morada la más elegante. La chica del asiento del copiloto miraba el abultado arreglo floral por el retrovisor como si lo codiciara, como si esperara recibir uno igual cuando bajara del Nissan detenido, pero yo lo dudaba....Las flores luego de un día de lluvia escasean tanto como la plata en Potosí.

1,2,3 y 4 metros y nos volvimos a detener, la diferencia es que ahora tenía más compañía que las flores. Un pequeño perro blanco hacía sus gracias frente a mi ventana. Corría, saltaba, rodaba por las lozas de la mojada vereda de Avenida Barros Luco mientras yo le sonreía tras el vidrio empañado, de repente algo extraño pasó: Tomás (el perro al cual ya le había puesto nombre) se detuvo. Yo lo miraba a los ojos para saber que pasaba por su canina cabeza - seguramente no pensaba en que escribiría en su blog- Tomás con su torso recto inclinó sus patas traseras, y en una pose digna de ser fotografiada hizo lo que supuse que haría: caca.

Un chorro café salía de su ano perruno. Sí, leyó bien, CHORRO. Parecía que Tomás tenía serios problemas digestivos porque no es normal, ni siquiera para un perro, hacer con esa consistencia y en tal cantidad. Yo desvié la mirada hacia adelante para evadir tan repugnante escena, la chica de al frente aún miraba las flores. Cuando me di vuelta para ver si el perro aún seguía ahí la sorpresa fue mayúscula: Aún no acababa. Ya con sus intestinos vacíos, Tomás se volteó a ver su obra que en una palabra era sublime: Una pasta café y humeante que fácilmente llenaría un plato hondo, sus vahos nauseabundos subían más de un metro y luego desaparecían sin dejar rastro, llevando los hedores tomasísticos a otro lugares del puerto. Pero el show de Tomás no acaba ahí.... continuará

sábado, 3 de julio de 2010

Mártires de las redes

Esta mañana apareciste. Solo, sin tus compañeros de labores, tirado en la arena sin sentir el frío de la mañana del litoral, tan callado como siempre, como queriendo ocultar el secreto de tu soledad. Pues compañero, lo andaban buscando, y no sólo a usted, también a sus tripulantes. No hay nada más debastador que encontrar un bote tirado en la arena sin sus pescadores....ellos aún no aparecen.

La neblina no ha amainado ni un poco desde la madrugada. Quizá haciendo un pacto con el que tranquilo nos baña juró mantener el secreto del robo. ¿Dónde están? se preguntan los colegas aglomerados en el puerto pesquero, un poco apenados por la pérdida, un tanto asustados por que ellos pudieron haber corrido con la misma fortuna. Ya cagaron dicen los más viejos. - La corriente del río los tira a la chucha, no hay nada que hacer. Muy duro, pero cierto.

Sólo hace una semana los pescadores salieron en caravana a celebrar a su santo patrono. Engalanaron el mar con sus botes y guirnaldas, con su música de fiesta, sus risas explosivas y vinos navegados. Como cada día de San Pedro se ofreció una ofrenda floral precisamente por ellos, por los que no regresaron, por los aún recordados mártires de las redes. Ese día todo era fiesta y más fiesta. Hoy ni lágrimas hay, sólo miradas de desconsuelo.

Pero el mar lo devolvió a usted querido compañero, estimado Clementina II, sin redes, gente o una historia que contar. Callado como siempre lo ha sido, tal como sus pares que a esta hora flotan en la costa de puertecito. No se sienta culpable por todo esto compañero, así es la vida del hombre de mar. Lo que si debo pedirle es que cuando vuelva a adentrarse en el pacífico, cuando lleve a otros hombres a buscar los peces que llenarán su mesa, lleve este mensaje a los que hoy no volvieron: Descancen en paz hijos del océano, tejedores de redes, pobres del mar. Los de acá, los de la tierra, viviremos eternamente con sus recuerdos, también con los recuerdos de los que ahora los acompañarán. Nos vemos para el próximo San Pedro. Espero les gusten las rosas.

domingo, 6 de junio de 2010

Llamada en espera

Un escupitajo espeso y abundante cayó al piso casi en su totalidad. La otra parte ahora moraba en la punta de mi zapato. La conchesumadre - dije mientras miraba el teléfono que hace poco más de una hora debió haber sonado.

Fumar me hacía escupir de sobremanera y las cerámicas de la entrada de la casa fueron testigo de los 12 cigarros que acompañaron mi espera. Malboro corriente, como los hombres hubiera dicho mi papá. Hubiera, porque ya no habla a causa del cáncer de garganta. Supongo que 40 años fumando, 40 años de Malboro corriente, 40 años de ser hombre no pasan en vano.

Me quedaba un poco menos de la mitad de mi tubo de nicotina - y quizá de que wevá más - cuando por fin sonó el teléfono. Con un movimiento de dedos lo tiré lejos, abrí la puerta con velocidad y antes de que sonara el tercer ring levanté el auricular.

- Aló... no, no está la Claudia... OK, yo le digo.... chao.

Revisé la cajetilla. Por lo menos me quedaba un cigarro.

lunes, 3 de mayo de 2010

Cuando chico yo era rubio

Créalo o no, el título de la siguiente nota es cierto: Cuando chico yo era rubio, y no sólo eso, también tenía dos cejas, los dientes derechos y pesaba lo que pesa un niño normal. ¿Qué pasó en el camino? Anda tú a saber.

Media wevá, yo también debe estar pensado usted ahora, y claro, no es gran cosa porque la gran mayoria de los latinoamericanos somos más blancos cuando pequeños a causa de la hormona llamada MELANINA que es, en efecto, la que le da el color a la piel. Como esta hormona reacciona con el sol, los pequeños sudacas somos algo así como rubios de niños...algo así.

¿A qué quiero llegar con todo esto? Pues es muy simple de deducir: A la tan recurrente cita de la hermosa infancia aria, tan lejana y tan distinta a la horrorisidad de los rasgos indígenas que están grabados en nuestro código genético.

Supongo que no es necesario escribir IRONÍA junto a la frase anterior, creo que se entiende ¿O no?

Es una verdadera lástima la odiosidad en que está sumida nuestra sociedad. Aunque a simple vista somos hermanos de quiltraje, de nuestros múltiples colores de piel, mestizos, hijos e hijas del conquistador y del conquistado, nos esmeramos es restregarnos en la cara nuestro árbol genealógico cuyas raíces se encuentran en el viejo continente.

Mi bisabuelo llegó de Rusia en un barco; Todos mis tíos son rubios, menos mi papá; La mamá de mi tata tenía un fundo en el sur, son algunos de las muchas pruebas de linaje que hemos escuchado a lo largo de nuestras vidas. Pareciera un rasgo propio de nuestra cultura como Chilenos esconder nuestro pasado carente de clase, etiqueta o sangre azul, porque el linaje y tu nivel de ingresos están completamente ligados. ¿Será que somos hijos del miedo? Pues yo he llegado a pensar que así es, que es por eso que los Europeos se rién de los indios, que los más acomodados de los más desposeídos, que los más claros de los más oscuros: Miedo. Miedo a ser tú el blanco de las burlas, miedo a que sea tu dignidad la pisoteada y tu sangre la insultada, porque mientras más fuerte ríes, menos se escuchan tus lamentos de ese terror que paraliza cada uno de tus huesos, de tus nervios y termina apagando tu cerebro.

Quiero creer que la ignorancia es el causal. Me gustaría convencerme que quienes esconden sus argumentos nazis detrás de su apellido Alemán no saben que sus antepasados o fueron exiliados de la Alemania gobernada por el tipo del bigote, o fueron campesinos pobres traídos para colonizar las tierras del sur. Estaría encantado que de una vez por todas los Subercaseux, los Amunátegui, los Altamirano asumieran que ya son parte del listado nacional.

El día en que los Chiwailaf y los Echeñique se reconozcan como hermanos mestizos, Chilenos hijos de una misma raza variada y hermosa, el día en que ya no queden de esos que con toda responsabilidad llamo CERDOS CLASISTAS ASQUEROSOS, recién ese día podremos decir con orgullo que vivimos en un país más justo.

González, Álvarez, Smiths, Puyrredón, Covarrubias, Toro, Marilao, Hernández, Solari, Müller. Todos juntos por Chile y el mundo. Marrichiweu!!!

"Si este mundo es uno y para todos, todos juntos vamos a vivir"- Los Jaivas

miércoles, 28 de abril de 2010

Ninguna calle llevará tu nombre


Un criminal menos
A dormir van los Augustos
El sueño de los injustos
En el infierno del Dante
Salvador Allende queda
Saliendo de la moneda
Con los dos pies por delante

Ay, pobre doña lucía,
El domingo que cumplía
Ochenta y cuatro enviudó.
Que obscenidad generales
De gala en los funerales
La puta que los parió

Iceberg en la memoria,
Neruda, Carmelo Soria,
Tú, Letelier, Victor Jara.
¿A tal verdugo, clemencia?
Lo que dicta mi conciencia
Es escupirle en la cara.

Garzón tuvo dos garzones
Cuando con nulas opciones
Ordenó busca y captura
De luxe pero un calvario
Pasó el felón victimario
Con su máster en tortura.

Pinochetín, de buen nieto
Se pasó, con un panfleto
Que ultramilicó su furia.
Por suerte el de Prats, carajo
Redimió, con un gargajo,
Tanta muerte, tanta injuria.

Los momios lloran de pena,
Los rotos rompen la escena
Huérfanos de tanto hermano.
Arde la capilla ardiente
Donde, de cuerpo presente,
Sigue jodiendo el tirano.


(...)Ninguna calle va a llevar tu nombre en muros del futuro - Manuel García