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sábado, 24 de julio de 2010

Flores en Invierno (parte I)

Esta es una historia real, no le pasó al amigo de un amigo sino a mi. Corría el 21 de julio de 2010 con una velocidad inusual y yo estaba atrapado en un taco del demonio, no conforme con eso llevaba más de una hora de retraso. La Tita me va a matar.

_ Cómo se les ocurre arreglar la calle en esta fecha por Dios! - dijo el colectivero enojado
_ y a voh como se te ocurre venirte por acá, aweonao - pensé no menos molesto que el poco intrépido conductor.

El viento que entraba por la ventana hacía sonar el plástico de las flores que llevaba entre mis piernas. Yo no les quitaba la mirada de encima para que no se fueran a marchitar. La blanca era la más grande, la amarilla la más suave, la morada la más elegante. La chica del asiento del copiloto miraba el abultado arreglo floral por el retrovisor como si lo codiciara, como si esperara recibir uno igual cuando bajara del Nissan detenido, pero yo lo dudaba....Las flores luego de un día de lluvia escasean tanto como la plata en Potosí.

1,2,3 y 4 metros y nos volvimos a detener, la diferencia es que ahora tenía más compañía que las flores. Un pequeño perro blanco hacía sus gracias frente a mi ventana. Corría, saltaba, rodaba por las lozas de la mojada vereda de Avenida Barros Luco mientras yo le sonreía tras el vidrio empañado, de repente algo extraño pasó: Tomás (el perro al cual ya le había puesto nombre) se detuvo. Yo lo miraba a los ojos para saber que pasaba por su canina cabeza - seguramente no pensaba en que escribiría en su blog- Tomás con su torso recto inclinó sus patas traseras, y en una pose digna de ser fotografiada hizo lo que supuse que haría: caca.

Un chorro café salía de su ano perruno. Sí, leyó bien, CHORRO. Parecía que Tomás tenía serios problemas digestivos porque no es normal, ni siquiera para un perro, hacer con esa consistencia y en tal cantidad. Yo desvié la mirada hacia adelante para evadir tan repugnante escena, la chica de al frente aún miraba las flores. Cuando me di vuelta para ver si el perro aún seguía ahí la sorpresa fue mayúscula: Aún no acababa. Ya con sus intestinos vacíos, Tomás se volteó a ver su obra que en una palabra era sublime: Una pasta café y humeante que fácilmente llenaría un plato hondo, sus vahos nauseabundos subían más de un metro y luego desaparecían sin dejar rastro, llevando los hedores tomasísticos a otro lugares del puerto. Pero el show de Tomás no acaba ahí.... continuará

4 comentarios:

  1. Tan interesante como realista. Felicitaciones, a pesar de la "escasa" falta ortográfica, es un relato bien estructurado y provocador.

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  2. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  3. jajajaja Me gusta!! El paso de las flores al "desecho orgánico" de Tomás (más encima nombre que tambien lleva uno de mis grandes amigos). Espero la segunda parte :D!

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  4. me gustaría leer la 2° parteeee!!!...

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